Coloquio “Cinismos: figuras de la transvaloración”
Impiedad criminal y obediencia a la prescripción divina. Bastó que un joven proveniente de las orillas del Mar Negro, acusado de adulterar monedas, fuera exhortado por la Pitia a transvalorar estas mismas piezas de metal sagrado cuyo nombre remite a la ley (nómisma/nómos), para que la conjunción paradójica de aquellos dos elementos, sacrilegio y observancia, dieran lugar al más escandaloso de los movimientos filosóficos de la Antigüedad: el cinismo. Esta ambivalencia no solo marca su nacimiento oracular, sino que la volvemos a encontrar en el origen de su denominación: allí donde las escuelas filosóficas recibían el nombre del lugar del que brotaban, del maestro que los inauguró, del objeto de su estudio o del modo en que llevaba a cabo su tarea, el cinismo rompe los moldes y toma su nombre de la apropiación orgullosa de un insulto que surge de la plaza pública; cínico, en principio, no quiere decir otra cosa que perruno. Todo indica, entonces, que la ambigüedad que posee para nosotros este término, tanto figura paradigmática del filósofo autárquico como descalificación dirigida al vulgar sinvergüenza, es inherente a la naturaleza del fenómeno que refiere, y quizás sea precisamente esta la razón por la que causa tanta fascinación como desprecio, por la que es tan marginal en el ámbito académico como nuclear en la cultura popular, y quizás sea también la razón de su subestimada complejidad.
Dándole continuidad al trabajo de una de las principales responsables de que esta corriente filosófica tan controversial comenzara a ocupar un lugar más digno en el actual ámbito universitario, la prof. M.-O. Goulet-Cazé (1950-2023), hemos abierto en la Universidad Complutense de Madrid, en alianza con la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y en el interior del Proyecto Posdoctoral FONDECYT Nº 3220037, un espacio para abordar el cinismo sin rehuir su carácter ambivalente y paradójico, y no nos referimos apenas a aquel que se materializó en la figura de Diógenes de Sinope y sus seguidores del período alejandrino-imperial, sino también sus posibles reformulaciones en la modernidad, así como su recepción en el pensamiento contemporáneo, de Nietzsche a Sloterdijk, pasando por Foucault, Cioran, Gehlen, Glucksmann, Deleuze, entre otros, que han advertido la urgencia de comprender el fenómeno cínico, dado que han visto la herencia del sinopense no apenas en los diversos movimientos de resistencia estética o insurgencia política de nuestras sociedades, sino también en la figura del soberano despótico.